Los Vengadores (Joss Whedon, 2012)

Según acumulas años resulta más complicado que las cosas te ilusionen o te sorprendan, pierdes la capacidad de fascinación que tenías durante la infancia y la adolescencia. Así que, cada vez que veía una película de Marvel en el cine, me asaltaba la misma idea: “si hubiera visto esto con quince años, hubiera alucinado”; pero lo cierto es que, salvo honrosas excepciones (como el Iron Man de Jon Favreau o los X-Men de Bryan Singer), las producciones de la Casa de las Ideas siempre me han dejado más bien frío. Es por eso que siempre tendré que agradecerle a Joss Whedon que me haya hecho sentir en el cine como si regresara a los quince años, porque he disfrutado de Los Vengadores sin paliativos, me he divertido como hacía tiempo que no me divertía en el cine.

Whedon tiene una reputación bien ganada entre la comunidad comiquera gracias a producciones televisivas como Buffy o la muy de culto Firefly, y a su etapa como guionista de Astonishing X-Men, probablemente la mejor colección mutante en muchos años. Con estos antecedentes, no eran pocos los que tenían puestas sus esperanzas en este realizador para que, por fin, pudiéramos ver una película de Marvel que no sólo funcionara en taquilla, sino que también ofreciera unas cuotas de calidad similares a las que DC Entertainment estaba logrando con el Batman de Chirs Nolan. Vaya por delante que yo no me contaba entre ellos; después de fiascos como Thor y Capitán América, o del bajón que supuso Iron Man 2 respecto a la magnífica primera parte, no esperaba nada bueno de Los Vengadores. ¡Cuánto me equivocaba! Quizás la película de Whedon no sea un ejercicio de estilo como el Dark Knight de Nolan, quizás tenga un argumento mucho más simple y carezca de un malo tan absolutamente memorable como el Joker de Heath Ledger, pero en cuanto a divertimento puro, Los Vengadores es imbatible. Si os aburrís viendo esta película, tenéis un problema.

El argumento nos cuenta cómo el dios asgardiano Loki roba un artefacto de poder, el tan traído Cubo Cósmico de Hydra, para abrir un portal entre la Tierra y el otro extremo del universo; dicho portal debe franquear el paso a un ejército de pesadilla capaz de someter sin apenas esfuerzo a la débil raza humana. Ante esta amenaza incontestable con armas convencionales, Nick Furia, director de SHIELD, decide acudir a un plan desesperado: “la Iniciativa Vengadores”, que congregará a un extraño grupo de hombres que debe servir como fuerza de choque ante la guerra que está por llegar.

Huelga decir que el argumento de Los Vengadores es lo de menos, no es más que la excusa para desplegar un guión muy bien escrito y planificado al detalle, de modo que todos los personajes, todas las escenas de acción y todos los gags funcionan de manera sorprendente. Joss Whedon da una lección de cine a todos los realizadores de blockbusters que nos han estragado durante la última década con hueca pirotecnia, personajes planos y gags bochornosos que movían más a la vergüenza ajena que a la risa. Y la clave es el guión. Se lo volveré a repetir a los señores de Hollywood: el GUIÓN. Ninguna película, ni siquiera un blockbuster palomitero, funciona sólo a base de explosiones y millones en CGI. Los buenos guiones no son sólo para el thriller policíaco y el drama, también son imprescindibles en el cine de acción y en la comedia. Lo sabe Tarantino, lo sabe Nolan, y vaya que si lo sabe Whedon, único firmante del guión de Los Vengadores, que funciona como un reloj en cada una de sus escenas de acción, bien escritas y rodadas, y en cada uno de sus diálogos cómicos, siempre divertidos, siempre afilados e ingeniosos.

Y es que Los Vengadores es, además, una gran comedia, de las más divertidas que he visto en mucho tiempo, lo que termina por ser otro gran acierto del director, que opta por desmitificar a los mitos, consciente de que Thor, Iron Man o El Capitán América carecen de la vis dramática de personajes como Batman. Para que funcionara, Los Vengadores debía ser una película irreverente, capaz de burlarse de sí misma, y Whedon logra darle el tono justo entre la comedia y la épica.

The Ultimates, de Mark Millar y Bryan Hitch

En este sentido, estos Vengadores son muy deudores de los Ultimates de Mark Millar, la reinterpretación del grupo superheroico que el autor escocés realizó la pasada década. Millar despojó a estos personajes de su impostada solemnidad y les dio el carácter gamberro de una banda de rock, los convirtió en un equipo formado por egos explosivos en constante choque, capaces de trabajar en conjunto sólo cuando las circunstancias se tornan desesperadas. Joss Whedon decide apropiarse con descaro de esta modernización de Los Vengadores concebida por Millar en su mejor momento creativo. El resultado es inmejorable, pues Whedon logra que el carácter de cada uno de los protagonistas sea más reconocible incluso que en sus respectivas películas. Especialmente dignos de mención son los casos de Hulk o Viuda Negra, que en esta película funcionan sorprendentemente bien, cuando hasta ahora habían resultado más bien pobres en sus versiones cinematográficas.

A este respecto, no me puedo cansar de destacar cómo Robert Downey Jr. se ha apropiado por completo del personaje de Tony Stark. Ya lo hizo en Iron Man y vuelve a hacerlo en Los Vengadores, donde se bebe todas las escenas en las que aparece, hasta el punto de que su playboy desvergonzado, cínico y encantador me resulta la mejor interpretación que he visto en cine de un superhéroe (sí, mejor que el Batman de Christian Bale). Y mientras lo ves en pantalla, uno no puede quitarse la sensación de que esta mímesis se debe, en gran medida, a que el propio Robert Downey Jr. debe tener mucho del personaje que construye.

En conclusión, Los Vengadores es, junto con Dark Knight, la mejor película de superhéroes que ha llegado al cine. Más divertida que esta última, pero menos compleja y sin las aspiraciones artísticas que posee el Batman de Chris Nolan. De cualquier modo, el film resulta una delicia para los aificionados al noveno arte que hemos crecido con estos personajes, y un blockbuster tremendamente divertido para aquellos espectadores a los que sólo les suenan de verlos en camisetas y alguna que otra portada. Los Vengadores demuestra que el cine de superhéroes puede funcionar si se pone en manos de directores/autores que conozcan bien el potencial (cómico, dramático y simbólico) de los personajes que manejan, y se les da un total control sobre el proyecto, desde el guión hasta la dirección. Por cierto, hay sorpresa después de los dos primeros minutos de los créditos finales, una sorpresa que valorarán especialmente los aficionados marvelitas más veteranos (y no, no es un skrull, como se está diciendo por ahí). De verdad, no os la perdáis. 8

Safe Creative #1204291550469

Balance (friki) de 2010

Aprovecho este ratito de tranquilidad para hacer un balance “friki” de este 2010 al que le quedan unas horas. ¿Quá ha sido lo mejor y lo peor del año que estamos apurando?

En cine: Sin duda,lo mejor ha sido Inception. Una película de ciencia ficción como hacía tiempo que no disfrutábamos los amantes del género y del cine. Redonda, un 10 para Chris Nolan. Además, la reseña que escribí de la peli tuvo el “honor” de ser cortypegada en un par de webs de cine. ¿Qué más se puede pedir?

Respecto a lo peor, he podido esquivar muchos bodrios, pero uno me dio en toda la cara: Los Mercenarios (The Expendables), ese engendro perpetrado por Sylvester Stallone que, además de penoso, era aburrido. ¡Retírate ya Sly!

En TV: Lo mejor ha sido el descubrimiento (por mi parte) de The Big Bang Theory, una sitcom que va de cabeza al podio de mis tres comedias televisivas favoritas (las otras dos: Friends y Cómo Conocí a Vuestra Madre). Cierto es que quizás no sea plato para todos los paladares, dado el elevado nivel de referencialidad friki, pero sus diálogos son de lo mejorcito que se ve en TV desde hace tiempo. ¡Ah! la recuperación de House también se puede apuntar en el haber de 2010, con una sexta temporada que recupera a un personaje que comenzaba a ser víctima de sus extravagancias.

Lo peor, probablemente, el confusamente alegórico final de Lost. Tan raro que la afición no supo ponerse de acuerdo en si era una maravilla de la filosofía moderna o una tomadura de pelo en toda regla. Yo opto por lo segundo, y no intentéis explicármelo de nuevo, por favor.

En literatura: Podría decir que lo mejor es el Nobel a Vargas Llosa, que se lo merecía desde hace años… o décadas. Pero esto es un balance friki, así que seré retorcidamente friki y diré que lo mejor ha sido la reedición en España de la ultradescatalogada novela histórica Musashi, de Eiji Yoshikawa, gracias a la editorial Quaterni. Un clásico de la literatura japonesa imposible de leer en español si no era en la antigua (y casi imposible de encontrar) edición de Martínez Roca.

Lo peor… hummm… no he dejado a medias ningún libro. Pero “por hacer sangre”, lo peor ha sido el clamoroso éxito de la saga Crepúsculo (¿lo pilláis?).

En cómics: Suelo decir que los cómics también son literatura, pero hago el distingo por ser “otro tipo” de literatura. Lo mejor de este año vuelve a ser la obra maestra de Robert Kirkman: The Walking Dead, que mantiene su elevadísimo nivel y sigue ofreciéndonos un desarrollo de personajes magistral y una lectura adictiva, pese a que continúa sin desvelarse nada importante de la trama. La reedición de Monster, uno de los mejores mangas que he tenido la oportunidad de leer, ha sido otro de los regalos que nos ha dejado este 2010. El año lo redondea el que por fin sepamos cómo vamos a leer los cómics en el futuro; la respuesta nos la ha traído Apple con su iPad, el gadget que inaugura el segmento de los tablet PC supone un alivio para todos esos lectores que ven preocupados cómo sus estanterías comienzan a colapsar.

Lo peor, quizás, la decepción que ha supuesto (al menos para el que suscribe) el reputadísimo cómic indie Cerebus de Aadvark que, tras décadas de retraso, por fin se publicaba en español  siendo presentado como una de las grandes novedades editoriales del Salón del Cómic de Barcelona. Tras  el desembolso de 30 euros, y con todo el dolor de mi corazón (y de mi bolsillo) he de decir que la obra de Dave Sim me ha parecido un auténtico peñazo.

Y videojuegos: Lo mejor, sin duda, la ambiciosa y magistral ‘space opera’ de BioWare: Mass Effect 2. Lo mejor de la ciencia ficción y de los videojuegos unido en dos DVDs para el recuerdo. Así lo han sabido ver cientos de publicaciones y miles de usuarios de todo el mundo, pues ha sido proclamado (casi por unanimidad) como juego del año por casi toda la prensa especializada. Y este año había rivales duros de roer, como Red Dead Redemption y Starcraft 2. También habría que destacar la resurrección de Wii, que ha cerrado el año con auténticas maravillas como Mario Galaxies 2, No More Heroes 2, Metroid Other M y Donkey Kong Returns, después de torturar a sus usarios con juegos mediocres durante los últimos años.

¿Lo peor? Que la otrora genial saga Pro Evolution Soccer continúe sin levantar cabeza, y que Nintendo haya cerrado el grifo a su consola portátil (Nintendo DS), que apenas ha recibido títulos de enjundia para este año, señal de que ya se prepara el terreno para su sucesora (Nintendo 3DS). También podemos criticar la nula originalidad de las desarrolladoras, que prefieren seguir poniendo números detrás del mismo título en lugar de arriesgar con ideas nuevas (como el maravilloso Mirror’s Edge).

Eso es todo por hoy. ¡Feliz 2011!

¡Colaboración con Giant Magazine!

Portada del segundo número de Giant.

¡Uff! Quince días sin escribir nada. Perdón, pero mis múltiples ocupaciones hacen que al día le falten horas y a la semana días. Ya os iré contando los diferentes embolaos en los que estoy metido, pero hoy os presento sólo uno de ellos: Giant Magazine, una revista online que un equipo de periodistas sevillanos ha decidido sacar adelante con esfuerzo, talento y, por qué no decirlo, un poco de apoyo. ¡Y con valentía! Porque con la que está cayendo hay que tener valor para embarcarse en una aventura de este tipo. ¿O, precisamente por eso, la única opción son aventuras de este tipo? No sé, no lo tengo claro aún.

El caso es que cuando eché un vistazo al nº 0 de Giant me quedé alucinado, en primer lugar, con su excelente diseño y maquetación, mejor que el de muchas revistas ya consolidadas, y en segundo lugar, con lo ambicioso de sus contenidos (“Videojuegos-Cine-Literatura-Series-Música” dice en su subtítulo), escritos además con buen estilo y conocimiento de causa. Y para colmo, ¡todo gratis! Sólo hay que entrar y leerlo.

Tanto me moló que me dije, “¿podría formar parte de esto de alguna manera?”. Dicho y hecho: me puse en contacto con Mninha (bloguera cañera y polifacética) y ella me puso al teléfono (léase “al email”) con la gente de Giant. Así que en las páginas 54  y 56 del número de noviembre tenéis mi primera colaboración con esta gente: un reportaje sobre el 75 aniversario de DC Comics. ¡Pero no vayáis directamente a esas páginas! Hojead toda la revista, que seguro que os encanta, y dadla a conocer entre vuestros amigos, que esta gente se alimenta a base de clicks de ratón.

Ya me contaréis ;-)

El 9º arte y sus detractores

La ignorancia da alas. Pocos dichos del refranero popular son más ciertos, y cada día salta a la palestra algún iluminado dispuesto a demostrar lo infalible de este axioma. En este caso ha sido Vicente Molina Foix, el Antonio Burgos progre, el que, cual Ícaro imprudente, se ha tocado con las alas de la Ignorancia (así, en mayúsculas) para volar contra el sol impulsado por el poderoso motor de la estupidez humana. Como en el caso de Ícaro, la hostia ha sido mayúscula.

Me refiero al artículo publicado por el susodicho en la revista Tiempo, en el que este “articulista-escritor-dramaturgo-director” arremete alegremente contra el mundo del cómic y el cine de animación, sentando cátedra con frases lapidarias del tipo “el cómic en sus distintas encarnaciones no deja de ser un entretenimiento muy menor” o “que tantos críticos serios digan que una chorrada de plastilina como UP es una obra maestra del séptimo arte me produce vergüenza”, no sin antes haberse lamentado amargamente del Premio Nacional del Cómic, “con el que nuestro Ministerio de Cultura enaltece al dibujante de monigotes con la misma dignidad y el mismo dinero que al mejor novelista, poeta o ensayista del año”. De verdad que ha escrito todo eso.

Siempre he pensado que hay opiniones que se descalifican por sí solas y retratan al que las pronuncias, además al señor Molina Foix (lease Fuagh) le han caído palos de todos lados, desde el sector del cómic, hasta colegas suyos del mundo de la “cultura de verdad”, pasando por el editor de la revista Tiempo, que ha debido disculparse por la opinión vertida en sus páginas (como curiosidad, no perdeos la que le esta cayendo al ínclito en su propio blog: Boomeran(g), donde llevan días fustigándole con este tema). Así que no voy a perder tiempo en valorar una columna que denota un triste y profundo desconocimiento del tema que aborda. Aseveraciones del tipo “la equiparación de Mortadelo y Filemón o el manga con Thomas Mann o Buñuel me parecen una perversión (…)” son de una pobreza argumental tal que dejan poco que decir. Evidentemente esa equiparación es una perversión, pero es que al único pervertido al que hemos escuchado hacerla es a él. El juego de las comparaciones aberrantes es estúpido y fácil de desmontar: comparemos mejor, como alguien puntualizó en su blog, a Corín Tellado, Dan Brown (o al propio Molina Foix) con el Watchmen de Moore, el Born Again de Miller, el Maus de Spiegelman o el Sandman de Gaiman.

¿Berrinche porque parte de las subvenciones del estado van a terrenos donde nuestro hombre del día no puede sacar tajada? ¿Afán de notoriedad? ¿Prepotencia snob y casposa? Sea como sea, no me deja de sorprender que Foix hilvanara semejante retahíla de tonterías sin intentar documentarse un poco, aunque sea como excusa para parecer que su opinión está mínimamente fundada. Porque era previsible que, siendo el cómic un vehículo de expresión cada vez más respetado, le iban a caer hostias de todos lados. Quiero decir, hasta para escribir en mi blog, que lo leen tres gatos, intento documentarme para no meter la pata. Cómo puede alguien, al que se le presupone una mediana inteligencia (presuponía, perdón), permitirse el lujo de publicar semejante despropósito sin un escudo argumental tras el que esconderse cuando llegue el previsible aguacero. ¿O es que el señor Foix creía que su opinión iba a ser aplaudida en plan “bien Vicente, por fin alguien dice lo que todos pensamos”? No sé, en estos gurús culturales suele darse este distanciamiento de la realidad, así que tampoco me extrañaría que mientras escribía se fuera viniendo arriba y se viera hasta más guapo.

De cualquier modo, y dejando al margen la opinión de este caballero, de la que ya se han encargado otros más capacitados (os enlazo a la entrada escrita por Álvaro Pons, crítico de cómics de El País, en su blog), no puedo dejar de ver en este episodio aspectos positivos. Para empezar, el hecho de que parece una opinión arraigada que el cómic es un medio de expresión cultural que (como cualquier medio expresivo) en algunos casos puede llegar a ser arte. Este debate está superado desde hace décadas en otros países de nuestro entorno, como Francia o Italia, y parece que comienza a calar también en el nuestro. Tal es así, que los intelectuales y creadores de medio pelo que ven amenazado su chiringuito, que ven arrebatada su potestad para decidir qué es arte y qué no, han comenzado a patalear.

Por otra parte, he comprobado gratamente cómo las reacciones han sido multitudinarias, desde los sectores más diversos, y con bastante fundamento. De verdad que pensaba que éramos muchos menos los dispuestos a librar esta batalla, parece que en este país comenzamos a superar los complejos. Es cierto que el cómic, al igual que el resto de los medios de expresión de nuestros días, se mueve entre la dicotomía obra de arte-producto industrial, tendiendo más a lo segundo que a lo primero. No descubro nada nuevo: Umberto Eco dedicó todo un ensayo a este tema (“Apocalípticos e Integrados”). Cine, literatura, cómics… si pretenden llegar al gran público y convertirse en un vehículo con el que el autor pueda ganarse la vida, debe someterse a las reglas de la industria, las cuales, inevitablemente, van contra la libertad creativa del autor (a no ser que seas Steven Spielberg o Stephen King, claro) y tienen como principal objetivo la rentabilidad económica. Aun así, me atrevería a decir que el cómic, tanto en su vertiente más indie como en las editoriales mainstream, donde los autores tienen en los últimos años más fuerza que en otras industrias culturales, está dando productos de más calidad, y acogiendo mayor proliferación de obras que podríamos catalogar como arte, que medios más “tradicionales” como el cine.

No me enrollo más. Espero que el próximo artículo que leamos sobre cómics en un medio generalista tenga el más mínimo fundamento. Mientras tanto, cito al más grande: “Ladran, Sancho, luego cabalgamos”.