La cultura del entretenimiento

El otro día leía en El País una entrevista a Vargas-Llosa a raíz de un ensayo que acaba de publicar el autor: La Civilización del Espectáculo. Se queja Vargas-Llosa de que la cultura del entretenimiento lo ha devorado todo, ha arrasado con el concepto tradicional de cultura y lo ha reducido a lo espectacular, a lo inmediato, a lo fácil de digerir. Aunque estoy de acuerdo con mucho de lo que dice en el transcurso de la (muy larga) entrevista, creo que Vargas-Llosa erra el tiro en lo esencial. Y no es que pretenda venir yo a enmendarle la plana a un premio Nobel… o sí ¿por qué no?… pero a lo que me refería es a lo siguiente: ¿no es la cultura del entretenimiento, simple y llanamente, la cultura de nuestros días, la cultura que genera nuestra sociedad? ¿No es arremeter contra ella de manera genérica síntoma de… no sé… elitismo?

Igual que en los siglos pasados la cultura prosperaba al auspicio de los ricos y poderosos, dependiente de los gustos de una minoría, la cultura hoy día debe responder ante otros criterios. Ahora los mecenas son el gran público, un público heterogéneo y con un nivel educativo medio; nosotros somos los que decidimos quién merece la pena ganarse la vida a través del arte y la cultura y quién no. Y es un espectro tan amplio que incluso las propuestas más minoritarias, si encuentran su público, pueden pervivir.

Es cierto lo que dice Vargas-Llosa respecto al marketing y la publicidad: tienen un peso desmedido frente a los auténticos valores artísticos, pero es una influencia inmediata y poco duradera. Lo que conforma nuestro bagaje cultural no son las películas, libros o  grupos musicales en los que la industria más ha invertido, sino los que verdaderamente han merecido trascender. ¿Podemos decir que los Beatles, Stephen King, The Wire o el cine de Chris Nolan son productos culturales de menor valor que los producidos siglos atrás? Ni de coña. La cultura del entretenimiento produce verdadero arte, uno distinto quizás, más rodeado de ruido que nunca, pero eso no significa que no esté ahí, sólo que debemos estar más atentos para discernirlo de la basura que produce el sistema. Se queja Vargas-Llosa en la entrevista de que quedó sobrecogido hace unos años al visitar la Bienal de Venecia y descubrir que allí había más fraude que arte. Quizás el problema sea ese: pretender toparse con la cultura en la Bienal de Venecia.

IMÁGENES: Banksy

Vuelta a las andadas

Por aclamación popular (ejem) vuelve El Camino a Casa. Miro la fecha del último post y, guau, hace casi un año de su publicación. Si todavía hay alguien ahí, quizás le deba una explicación… o no, al fin y al cabo no cobro por esto. Pero digamos que si has continuado entrando en El Camino a Casa de vez en cuando es porque eres un lector fiel (tengo cuatro o cinco), por lo que creo que sí que te debo algo.

Vaya por delante que mantener un blog es una tarea costosa cuya única gratificación es saber que hay alguien que te lee y que, quizás, decida dejar un comentario en forma de opinión o de pregunta. Es decir, los blogueros opinamos sobre cualquier cosa (generalmente sentando cátedra), y encima pretendemos que la gente debata sobre el tema que hemos  propuesto, o que nos pidan opinión como si fuéramos una especie de autoridad en la materia. Desde este punto de vista, escribir un blog tiene bastante de onanismo. Por no hablar de aquellos blogueros que te cuentan su vida cotidiana, que te dejan vislumbrar un pedazo de su intimidad para ganarse unos cuantos seguidores… entre estos, algunos se apoyan en sus experiencias diarias para aportar una reflexión válida, pero otros se limitan a exhibirse desde el anonimato.

Pero sea cual sea el tipo de bloguero con el que te encuentres, todos tenemos un punto en común: necesitamos feedback, es nuestro alimento, lanzamos un grito al vacío y esperamos que el eco nos responda. Y el que diga lo contrario, miente. Si escribiera para sí lo haría en un diario que guardaría en su mesa de noche.

Pero dotar de (buenos) contenidos a un blog es una tarea ardua, un verdadero trabajo no remunerado. Si encima sientes que no hay audiencia, que tus entradas se pierden en el ruido del ciberespacio, resulta sencillo desalentarse; es la razón de que la web esté llena de blogs fantasmas que flotan a la deriva sin capitán que los tripule. No es el caso de El Camino a Casa. No negaré que me gusta comunicarme, dar mi opinión hasta cuando no me la piden, y también me gusta que la gente reaccione ante lo que digo (faltaría más), pero este blog también tiene una función catártica: me sirve para poner en orden mis ideas, para desahogarme y escribir sobre lo que me dé la gana, ya que (como he dicho alguna vez) mi trabajo como periodista siempre ha consistido en escribir al arbitrio de otros.

¿Qué me ha llevado, entonces, a estar tanto tiempo alejado de El Camino a Casa y de mi otro blog? (aquí viene la explicación que os debía). La respuesta es que los tres últimos años me he visto atrapado por un proyecto personal que ha resultado ser más ambicioso de lo que esperaba en un principio: la escritura de una novela. Durante casi dos años conseguí compatibilizar mi vida cotidiana con mi actividad como bloguero y mi “faceta literaria”. Pero durante el último año y pico me ha resultado imposible. La novela se bebía hasta el último segundo de mi tiempo, devoraba cada gramo de imaginación, reclamaba para sí cualquier esfuerzo.

Durante la etapa final ha sido algo compulsivo, os puedo asegurar que el último año ha sido el periodo de mi vida en el que he disfrutado de menos tiempo libre, y eso es algo difícil para alguien que consume tanta cultura del entretenimiento como yo. Pero tomarse en serio la escritura de una novela al mismo tiempo que se tiene un trabajo a jornada completa no es algo que uno pueda hacer por hobby, supone un importante sacrificio personal, para ti y para la persona que vive contigo (sin cuyo apoyo y paciencia no podría haber escalado esta montaña). Son muchos días de escribir hasta las 12 de la noche cuando vuelves del trabajo, muchos domingos enteros frente al ordenador mientras tu pareja se carga más tareas domésticas de las que le corresponde (sin que proteste ni una sola vez), muchos momentos de verte encerrado en un cuarto a la luz de un flexo y preguntarte: ¿de verdad merece la pena tanto sacrificio? Sobre todo cuando sabes que, muy probablemente, lo que escribas nunca será publicado.

¿Por qué nunca he comentado esto aquí? Porque Internet está llena de blogs y foros donde escritores noveles cuentan sus vicisitudes y dificultades, sus frustraciones y problemas a la hora de concluir su trabajo o conseguir que les publiquen. Supongo que, en mi arrogancia, no quería ser uno más de tantos. Por ahora mi novela está escrita y revisada, tarea que he podido completar con la ayuda y opinión de unos cuantos muy buenos amigos, y la satisfacción de verla concluida es proporcional al esfuerzo que ha supuesto.

¿Y ahora? Ahora he comenzado a escribir mi segunda novela, de temática y ambientación totalmente distintas a la primera. Pensé que cuando tecleara la palabra <<Fin>> sería como un exorcismo, un punto y final de verdad, y que no volvería a embarcarme en semejante empresa a no ser que pudiera ganarme la vida con ello. Nada más lejos de la verdad, he descubierto que tengo muchos demonios que exorcizar, y cada uno de ellos tiene su propia historia que contar.

Balance (friki) de 2010

Aprovecho este ratito de tranquilidad para hacer un balance “friki” de este 2010 al que le quedan unas horas. ¿Quá ha sido lo mejor y lo peor del año que estamos apurando?

En cine: Sin duda,lo mejor ha sido Inception. Una película de ciencia ficción como hacía tiempo que no disfrutábamos los amantes del género y del cine. Redonda, un 10 para Chris Nolan. Además, la reseña que escribí de la peli tuvo el “honor” de ser cortypegada en un par de webs de cine. ¿Qué más se puede pedir?

Respecto a lo peor, he podido esquivar muchos bodrios, pero uno me dio en toda la cara: Los Mercenarios (The Expendables), ese engendro perpetrado por Sylvester Stallone que, además de penoso, era aburrido. ¡Retírate ya Sly!

En TV: Lo mejor ha sido el descubrimiento (por mi parte) de The Big Bang Theory, una sitcom que va de cabeza al podio de mis tres comedias televisivas favoritas (las otras dos: Friends y Cómo Conocí a Vuestra Madre). Cierto es que quizás no sea plato para todos los paladares, dado el elevado nivel de referencialidad friki, pero sus diálogos son de lo mejorcito que se ve en TV desde hace tiempo. ¡Ah! la recuperación de House también se puede apuntar en el haber de 2010, con una sexta temporada que recupera a un personaje que comenzaba a ser víctima de sus extravagancias.

Lo peor, probablemente, el confusamente alegórico final de Lost. Tan raro que la afición no supo ponerse de acuerdo en si era una maravilla de la filosofía moderna o una tomadura de pelo en toda regla. Yo opto por lo segundo, y no intentéis explicármelo de nuevo, por favor.

En literatura: Podría decir que lo mejor es el Nobel a Vargas Llosa, que se lo merecía desde hace años… o décadas. Pero esto es un balance friki, así que seré retorcidamente friki y diré que lo mejor ha sido la reedición en España de la ultradescatalogada novela histórica Musashi, de Eiji Yoshikawa, gracias a la editorial Quaterni. Un clásico de la literatura japonesa imposible de leer en español si no era en la antigua (y casi imposible de encontrar) edición de Martínez Roca.

Lo peor… hummm… no he dejado a medias ningún libro. Pero “por hacer sangre”, lo peor ha sido el clamoroso éxito de la saga Crepúsculo (¿lo pilláis?).

En cómics: Suelo decir que los cómics también son literatura, pero hago el distingo por ser “otro tipo” de literatura. Lo mejor de este año vuelve a ser la obra maestra de Robert Kirkman: The Walking Dead, que mantiene su elevadísimo nivel y sigue ofreciéndonos un desarrollo de personajes magistral y una lectura adictiva, pese a que continúa sin desvelarse nada importante de la trama. La reedición de Monster, uno de los mejores mangas que he tenido la oportunidad de leer, ha sido otro de los regalos que nos ha dejado este 2010. El año lo redondea el que por fin sepamos cómo vamos a leer los cómics en el futuro; la respuesta nos la ha traído Apple con su iPad, el gadget que inaugura el segmento de los tablet PC supone un alivio para todos esos lectores que ven preocupados cómo sus estanterías comienzan a colapsar.

Lo peor, quizás, la decepción que ha supuesto (al menos para el que suscribe) el reputadísimo cómic indie Cerebus de Aadvark que, tras décadas de retraso, por fin se publicaba en español  siendo presentado como una de las grandes novedades editoriales del Salón del Cómic de Barcelona. Tras  el desembolso de 30 euros, y con todo el dolor de mi corazón (y de mi bolsillo) he de decir que la obra de Dave Sim me ha parecido un auténtico peñazo.

Y videojuegos: Lo mejor, sin duda, la ambiciosa y magistral ‘space opera’ de BioWare: Mass Effect 2. Lo mejor de la ciencia ficción y de los videojuegos unido en dos DVDs para el recuerdo. Así lo han sabido ver cientos de publicaciones y miles de usuarios de todo el mundo, pues ha sido proclamado (casi por unanimidad) como juego del año por casi toda la prensa especializada. Y este año había rivales duros de roer, como Red Dead Redemption y Starcraft 2. También habría que destacar la resurrección de Wii, que ha cerrado el año con auténticas maravillas como Mario Galaxies 2, No More Heroes 2, Metroid Other M y Donkey Kong Returns, después de torturar a sus usarios con juegos mediocres durante los últimos años.

¿Lo peor? Que la otrora genial saga Pro Evolution Soccer continúe sin levantar cabeza, y que Nintendo haya cerrado el grifo a su consola portátil (Nintendo DS), que apenas ha recibido títulos de enjundia para este año, señal de que ya se prepara el terreno para su sucesora (Nintendo 3DS). También podemos criticar la nula originalidad de las desarrolladoras, que prefieren seguir poniendo números detrás del mismo título en lugar de arriesgar con ideas nuevas (como el maravilloso Mirror’s Edge).

Eso es todo por hoy. ¡Feliz 2011!

¡Colaboración con Giant Magazine!

Portada del segundo número de Giant.

¡Uff! Quince días sin escribir nada. Perdón, pero mis múltiples ocupaciones hacen que al día le falten horas y a la semana días. Ya os iré contando los diferentes embolaos en los que estoy metido, pero hoy os presento sólo uno de ellos: Giant Magazine, una revista online que un equipo de periodistas sevillanos ha decidido sacar adelante con esfuerzo, talento y, por qué no decirlo, un poco de apoyo. ¡Y con valentía! Porque con la que está cayendo hay que tener valor para embarcarse en una aventura de este tipo. ¿O, precisamente por eso, la única opción son aventuras de este tipo? No sé, no lo tengo claro aún.

El caso es que cuando eché un vistazo al nº 0 de Giant me quedé alucinado, en primer lugar, con su excelente diseño y maquetación, mejor que el de muchas revistas ya consolidadas, y en segundo lugar, con lo ambicioso de sus contenidos (“Videojuegos-Cine-Literatura-Series-Música” dice en su subtítulo), escritos además con buen estilo y conocimiento de causa. Y para colmo, ¡todo gratis! Sólo hay que entrar y leerlo.

Tanto me moló que me dije, “¿podría formar parte de esto de alguna manera?”. Dicho y hecho: me puse en contacto con Mninha (bloguera cañera y polifacética) y ella me puso al teléfono (léase “al email”) con la gente de Giant. Así que en las páginas 54  y 56 del número de noviembre tenéis mi primera colaboración con esta gente: un reportaje sobre el 75 aniversario de DC Comics. ¡Pero no vayáis directamente a esas páginas! Hojead toda la revista, que seguro que os encanta, y dadla a conocer entre vuestros amigos, que esta gente se alimenta a base de clicks de ratón.

Ya me contaréis ;-)