Anécdotas de Londres (I): Cómo ligar (sin darte cuenta) en el Tube

Después de escribir esta entrada, Gracia me ha recomendado no publicarla, porque dice que no voy a parecer “muy humilde”. Pero qué queréis que os diga, ya está escrita, y todo el mundo tiene derecho a sentirse guapo… aunque no sea con el público deseado (ejem).

Lo mejor será poneros en situación: mes de septiembre, metro de Londres, en el vagón íbamos cuatro españoles (a los que llamaremos Sergio, Anto, Gracia y David) con caritas de cansado porque Londres es una ciudad un rato grande, sobre todo si la quieres visitar en una semana. Y ahora paso a contaros los acontecimientos desde dos ópticas, como hacía Akira Kurosawa en Rashomon, o Tarantino en Pulp Fiction (por innovar un poco).

Primero de lo que yo me enteré: Iba de pie con cara de dormido, aunque más que de pie, iba colgado de una barra del metro. El vagón estaba relativamente vacío y, a pocos metros, había un chico y una chica que miraban hacia la zona donde yo estaba y comentaban algo. Yo iba totalmente abstraíado, a mi bola, en la parra, en los mundos de Yupi… vamos, como de costumbre; y apenas atendía a lo que decían. En un principio miré a mi alrededor (¿se me habrá caído algo?), y luego me di cuenta de que hablaban en murmullo que identifiqué como español, y me dije “esta gente me han visto a mí también cara de españolito, y estarán comentando <<anda mira, otro spanish más en Londres>>”. Vale, hasta ahí mi versión de la historia.

Ahora la versión de Sergio, que veía la película desde otro ángulo:

-Él: Mira a ése.
-Ella: Sí.
-Él: ¿Es guapo, no?
-Ella: Psé, no está mal.

A todo esto, Grace se me acerca y me comenta algo, en español, claro. Cuando los chicos se dan cuenta de que nos estábamos coscando de lo que hablaban (bueno, “estábamos”, estaban, ya os digo), se volvieron un poco incómodos y cambiaron de tema.

Que conste en acta, para los que no me conozcáis in person, que no soy ningún adonis. Que uno hace lo que puede, pero  después de estar varios días pateando Londres, con pocas horas de sueño en el cuerpo y alimentándome a base de sandwich, no creía yo que estuviera para levantar pasiones.

De este episodio me quedo con dos cosas: lo primero, que mira que la gente es indiscreta ¿eh? Vamos, que irte al extranjero a ponerte a hablar en la cara de una persona si te parece así o asá (pensando que no te entiende) me parece incorrecto… Lástima que yo iba más empanao que Benzema, si no le hubiera dicho: “que os he pillao con el carrito del helao”. Y segundo (y más importante): ¿No es para preocuparse que a él le pareciera guapo y que a ella sólo le pareciera “psé”?

Historia de una ida y una vuelta (y de cómo Ryanair se confirma como la peor compañía de Europa)

Qué desastre de viaje de vuelta, mil veces maldita Ryanair por su incompetencia, su intransigencia y su modelo de negocio. Ya en el viaje de ida dieron muestras de su potencial en tres momentos: primero, si tu equipaje para facturar se pasaba en 300 gramos (por ej.) te intentan cobrar 20 euro  (cobran 20 euros por cada kilo que te pases de 15). Segundo, por el retraso de dos horas en el vuelo. Y tercero, porque antes de embarcar nos exigieron una autorización para que mi cuñada pequeña pudiera volar. Pero vamos a ver, cuando compré los billetes por Internet, ¿no me obligan a poner la fecha de nacimiento de cada viajero? Entonces, por qué no se advierte durante la reserva online de que los menores requieren de una autorización paterna. Afortunadamente, la muy competente Policía Nacional del Aeropuerto de Sevilla nos salvó la papeleta facilitándolo todo para que los papis pudieran enviarnos una autorización via fax desde el cuartel de la Guardia Civil.

Pero nada comparado con el retorno. El metro de Londres tuvo problemas (estuvo así toda la semana, no sé si será lo habitual allí), y no pudimos coger el tren que teníamos previsto para llegar a Stansted, el aeropuerto al que viaja Ryanair y que está a 45 min. en tren de Londres. Aun así, la situación no parecía dramática. Llegamos 4 minutos tarde a la facturación, ¡ojo! No a la hora de embarque, sino a la de facturación. Para embarcar faltaba más de media hora. Además, sólo debíamos facturar una maleta, todo lo demás era equipaje de mano. Pero la señorita del mostrador me dice que de facturar nada, que hacía cuatro minutos de la hora límite, que pase por el mostrador para pagar una nueva facturación de maleta. Y yo mirando la cola, “es que no nos va a dar tiempo de embarcar, que esa cola es de 30 minutos lo menos”, “señor, ya le he dicho que pase por allí”, “es que vamos a perder el avión por facturar una maleta, que sólo han pasado 4 minutos, que no puede ser que ya hayan embarcado todas las maletas, es materialmente imposible”, “señor, le digo que pase por allí”.

Pues nada, a la cola. Cuando llegamos al mostrador, todavía faltaban 20 minutos para que volara el avión, pero la amable señorita nº 2 nos dice que el embarque está cerrado. “Pero si nos hemos tragado la cola porque no nos daban otra opción para embarcar la maleta, ¿y ahora nos dicen que ni la maleta ni nosotros?”. “Señor, el embarque para Sevilla está cerrado, el próximo vuelo es para mañana a las 7 de la mañana” (nótese que eran las 16:45 de la tarde). “¿Cóooomo? ¿Por llegar cuatro minutos tarde a la facturación, nos vamos a estar toda la tarde y la noche en el aeropuerto? No sé, facturen la maleta en otro vuelo y déjennos embarcar, que a este vuelo le queda más de veinte minutos para salir”. La señorita: “Éste ya está cerrado, el próximo vuelo es mañana a las 7. ¿Le hago un “transfer” de sus billetes actuales? Que conste que todo esto era en inglés, porque aunque solicitamos que nos atendieran en español, y pese a que la mitad de los clientes de Ryanair son españoles, no había NADIE en el aeropuerto que supiera hablar en español. Mi inglés da para lo que da: para pedir la comida, preguntar cómo llegar a algún sitio, mantener una conversación informal… pero cuando surgen este tipo de problemas y te hablan de condiciones de vuelo y términos legales, estaría bien que alguien hablara en español, o que te dieran un documento con los términos legales claramente expuestos en tu idioma. O, por lo menos, que la persona que te atiende fuera mínimamente empática y haga un esfuerzo por explicarlo todo de forma clara, apuntándote en un papel los detalles importantes. ¡Nada! Te miraban mal por pedir que repitieran las cosas, como si fuera culpa tuya no entenderles. Esto me hace replantearme cuál debe ser mi actitud cuando un británico te aborda por la calle y te pregunta algo en inglés, una situación que todos hemos vivido, ante la que solemos reaccionar haciendo acopio de todos nuestros conocimientos de inglés para intentar ofrecer una respuesta satisfactoria.

Bueno, íbamos por cuando nos dice que nos quedaban 15 horas de aeropuertos por delante. Ante la noticia nos miramos todos a la cara con rostro desesperado, pero viendo que estábamos en Stansted, que volver a Londres nos costaba más de 30 libras, y que allí no había mostradores de líneas aéreas “serias” para preguntar si había algún vuelo de última hora, optamos por hacer el “transfer” de billetes. Total, por lo menos nos dan una solución. Bueno, cuando le digo que sí, comienza a gestionar los nuevos billetes y me pide la Visa ¿? “Será para cargarnos las tasas de aeropuerto otra vez, o para pagar algún tipo de sanción”. Me la devuelve con una factura de ¡¡400 libras!! “¿Quéeee? ¡Pero si el billete de ida y vuelta nos ha costado 50 libras!”. Pero sobre todo, “¿cómo me has cargado 400 libras sin mostrarme un ticket previo con la factura?”, “señor, le he dicho que el transfer eran 400 libras”, “mira bonita, me has dicho muchas cosas y de la mitad no me he enterado, entre otras cosas porque me hablas mirando hacia abajo y como si yo fuera de Liverpool. De las 400 libras no me he enterado ni yo ni las dos personas que tengo al lado, pero tendrás que enseñarme una factura previa antes de hacerme el cargo ¿no?” (bueno, esto es todo lo que me hubiera gustado expresar). Vamos, un atraco.

En conclusión, Ryanair, de bajo coste, nada. Al final sale muy caro. Bajo coste si no hay ningún imprevisto, porque como tengas algún tipo de problema, que llegues minutos tarde, que tu equipaje pese 5 gramos de más, lo que sea, todo es una sangría constante de dinero. Y la atención es LA-MEN-TA-BLE. Era como hablar con máquinas, sin el más mínimo interés por darte una solución o por facilitarte las cosas, era como si a Windows le buscaras el botón de “Quizás” cuando te pregunta “Aceptar” o “Cancelar”. Nosotros mismo criticamos el exceso de improvisación del que hacemos gala los españoles, lo prefiero un millón de veces a esta inflexibilidad tirana y dictatorial. Tengo claro que con Iberia, Vueling o Air Europa esto no nos hubiera pasado, he visto a operarios de Iberia moviendo cielo y tierra para facturar una maleta a quince minutos de la salida del vuelo, con tal de que los viajeros no se queden en tierra. No creo que eso sea malo, no creo que un poco de comprensión y simpatía sea un problema, y no creo que la ejecución extrema de las reglas (unas reglas escritas con letras muy chiquititas y en inglés en la pantalla de tu ordenador cuando compras los billetes) sea la manera de evitar retrasos. Sobre todo porque en el vuelo de ida salimos dos horas más tarde y en el de vuelta 40 minutos.

15 horas en Stansted.

Los que nunca hayáis pasado la noche en un aeropuerto, no sabéis qué suerte tenéis. Es como el cementerio de los muertos durmientes, con zombis vagando de un lado a otro con la mirada perdida y la cabeza gacha mientras esperan que pasen las horas. Los que optan por no errar a través de los pasillos encerados, intentan dormir en los asientos del aeropuerto. Yo conseguí dormir dos horas, ¡todo un logro! Luego, la Nintendo DS te entretiene hasta que la batería dice que hasta aquí hemos llegado.

Castigados por Ryanair.

Bueno, al margen de todo esto, creo que el viaje ha merecido la pena. Londres es una ciudad fascinante y muchos londinenses han sido educados y amables. Sólo los señores de Ryanair consiguieron que nos sintiéramos realmente extranjeros, y es que una cosa es hacer turismo de forma despreocupada y feliz, y otra toparte con problemas en un país que no es el tuyo. Las dificultades para comprender el otro idioma, la desconsideración de los que te atienden, los abusos ante los que no sabes cómo responder… te hacen sentirte realmente mal. Ahora entiendo mejor a mucho extranjeros que tienen problemas en España, y esto no deja de ser un problema “menor” comparado con los que tienen otros. Por cierto, si algo no me ha gustado de los ingleses es esa actitud imperialista con su idioma, esa mirada de “resulta increíble que no sepas hablar bien inglés”. Oiga, que no venimos de sus colonias.

Hasta aquí la crónica de nuestro retorno. Recordad, huid de Ryanair como de la peste, y ahora más que nunca: ¡Gibraltar español!

London: Look right…

Breve entrada desde Londres para dejar mis primeras impresiones. Vaya por delante que necesito algún tiempo para reposar los viajes, dejar que las experiencias y sensaciones se asienten y poder formarme una opinión clara de lo que he visto. Pero está claro que uno no sabe lo que es una ciudad cosmopolita hasta que pisa Londres. No sé cómo serán New York, Tokio o Berlín, pero la capital de UK es un auténtico crisol cultural, y no me refiero sólo a los movimientos culturales (arte, cultura urbana, música…) sino a la cantidad de nacionalidades distintas que conviven aquí.

El colmo de la multiculturalidad: un café chino de nombre español en pleno Soho londinense. ¿Lo regentará un alemán?

Por cierto, nunca me imaginé que pudiera haber tantos españoles fuera de España. Puedes recorrer Londres de punta a punta casi sin necesidad de hablar inglés. Esto ha provocado divertidos incidentes como el que dos compatriotas hablen de ti delante de tus narices, para descubrir al rato (con evidente sonrojo) que tú también eres español. No sé, tampoco tengo cara de british… será porque los gaditanos tenemos Gibraltar cerca.

¿Más anécdotas divertidas? Mi camiseta de Iniesta provocó unas cuentas: desde felicitaciones por parte de los ingleses, pasando por un alemán que pensaba que había asistido a la final del Mundial por llevar la camiseta conmemorativa (la inscripción bajo el escudo), o el hecho de que uno de los porteros de Westminster Abbey nos atendiera antes que a unos holandeses porque “the spaniards won you deservedly, so they are first, sorry guys”. Afortunadamente, los holandeses no se lo tomaron nada mal ; )

Respecto a lo que hemos visto hasta ahora, me quedo con el mercado de Camden, que es una experiencia espectacular. Para mí es mucho más original y divertido que el de Notting Hill, que es un mercado al uso. Los museos también son geniales, aunque casi todo lo que tienen es expoliado a otros países (duele ver los frisos del Partenón expuestos en el British Museum), y los parques son una auténtica maravilla (con ardillas correteando junto a ti mientras tomas el sol en la hierba), desde luego cambian por completo la fisionomía de la ciudad. El transporte público va bien, pero los he visto mejores. Quizás a esta impresión contribuya la huelga de metro que sufrimos el día de nuestra llegada: cuatro horas y media para llegar al hotel desde la estación de Liverpool St., un trayecto que otros días hemos hecho en 25 minutos.

Concluyendo, Londres es realmente una de las capitales del mundo: inmensa, multicultural, plagada de turistas y, pese a ello, acogedora y amable. Eso sí, recuerda que esto es Londres. Mira a la derecha antes de cruzar.

Asturias patria querida

Hemos pasado unos cuantos días en Asturias (lo más lejos de Andalucía que hemos encontrado), y ha sido una experiencia genial. Sorprende que a una hora de vuelo puedas encontrarte un clima tan distinto: nada de los 40 grados que sufrimos en Sevilla por las tardes, sino 20 grados, y ya es mucho pedir. Casi todos los días nublados, con lloviznas esporádicas que refrescan la jornada y que, supongo, se convertirán en chaparrones frecuentes durante el invierno.

Una delicia de clima que da como resultado un paisaje precioso, con bosques, montañas y praderas al más puro estilo celta. Desde luego, no hacía falta irse a Nueva Zelanda para rodar El Señor de los Anillos. Sólo un detalle: no hemos visto un sólo jardín con aspersor en todo el viaje.