
Qué desastre de viaje de vuelta, mil veces maldita Ryanair por su incompetencia, su intransigencia y su modelo de negocio. Ya en el viaje de ida dieron muestras de su potencial en tres momentos: primero, si tu equipaje para facturar se pasaba en 300 gramos (por ej.) te intentan cobrar 20 euro (cobran 20 euros por cada kilo que te pases de 15). Segundo, por el retraso de dos horas en el vuelo. Y tercero, porque antes de embarcar nos exigieron una autorización para que mi cuñada pequeña pudiera volar. Pero vamos a ver, cuando compré los billetes por Internet, ¿no me obligan a poner la fecha de nacimiento de cada viajero? Entonces, por qué no se advierte durante la reserva online de que los menores requieren de una autorización paterna. Afortunadamente, la muy competente Policía Nacional del Aeropuerto de Sevilla nos salvó la papeleta facilitándolo todo para que los papis pudieran enviarnos una autorización via fax desde el cuartel de la Guardia Civil.
Pero nada comparado con el retorno. El metro de Londres tuvo problemas (estuvo así toda la semana, no sé si será lo habitual allí), y no pudimos coger el tren que teníamos previsto para llegar a Stansted, el aeropuerto al que viaja Ryanair y que está a 45 min. en tren de Londres. Aun así, la situación no parecía dramática. Llegamos 4 minutos tarde a la facturación, ¡ojo! No a la hora de embarque, sino a la de facturación. Para embarcar faltaba más de media hora. Además, sólo debíamos facturar una maleta, todo lo demás era equipaje de mano. Pero la señorita del mostrador me dice que de facturar nada, que hacía cuatro minutos de la hora límite, que pase por el mostrador para pagar una nueva facturación de maleta. Y yo mirando la cola, “es que no nos va a dar tiempo de embarcar, que esa cola es de 30 minutos lo menos”, “señor, ya le he dicho que pase por allí”, “es que vamos a perder el avión por facturar una maleta, que sólo han pasado 4 minutos, que no puede ser que ya hayan embarcado todas las maletas, es materialmente imposible”, “señor, le digo que pase por allí”.
Pues nada, a la cola. Cuando llegamos al mostrador, todavía faltaban 20 minutos para que volara el avión, pero la amable señorita nº 2 nos dice que el embarque está cerrado. “Pero si nos hemos tragado la cola porque no nos daban otra opción para embarcar la maleta, ¿y ahora nos dicen que ni la maleta ni nosotros?”. “Señor, el embarque para Sevilla está cerrado, el próximo vuelo es para mañana a las 7 de la mañana” (nótese que eran las 16:45 de la tarde). “¿Cóooomo? ¿Por llegar cuatro minutos tarde a la facturación, nos vamos a estar toda la tarde y la noche en el aeropuerto? No sé, facturen la maleta en otro vuelo y déjennos embarcar, que a este vuelo le queda más de veinte minutos para salir”. La señorita: “Éste ya está cerrado, el próximo vuelo es mañana a las 7. ¿Le hago un “transfer” de sus billetes actuales? Que conste que todo esto era en inglés, porque aunque solicitamos que nos atendieran en español, y pese a que la mitad de los clientes de Ryanair son españoles, no había NADIE en el aeropuerto que supiera hablar en español. Mi inglés da para lo que da: para pedir la comida, preguntar cómo llegar a algún sitio, mantener una conversación informal… pero cuando surgen este tipo de problemas y te hablan de condiciones de vuelo y términos legales, estaría bien que alguien hablara en español, o que te dieran un documento con los términos legales claramente expuestos en tu idioma. O, por lo menos, que la persona que te atiende fuera mínimamente empática y haga un esfuerzo por explicarlo todo de forma clara, apuntándote en un papel los detalles importantes. ¡Nada! Te miraban mal por pedir que repitieran las cosas, como si fuera culpa tuya no entenderles. Esto me hace replantearme cuál debe ser mi actitud cuando un británico te aborda por la calle y te pregunta algo en inglés, una situación que todos hemos vivido, ante la que solemos reaccionar haciendo acopio de todos nuestros conocimientos de inglés para intentar ofrecer una respuesta satisfactoria.
Bueno, íbamos por cuando nos dice que nos quedaban 15 horas de aeropuertos por delante. Ante la noticia nos miramos todos a la cara con rostro desesperado, pero viendo que estábamos en Stansted, que volver a Londres nos costaba más de 30 libras, y que allí no había mostradores de líneas aéreas “serias” para preguntar si había algún vuelo de última hora, optamos por hacer el “transfer” de billetes. Total, por lo menos nos dan una solución. Bueno, cuando le digo que sí, comienza a gestionar los nuevos billetes y me pide la Visa ¿? “Será para cargarnos las tasas de aeropuerto otra vez, o para pagar algún tipo de sanción”. Me la devuelve con una factura de ¡¡400 libras!! “¿Quéeee? ¡Pero si el billete de ida y vuelta nos ha costado 50 libras!”. Pero sobre todo, “¿cómo me has cargado 400 libras sin mostrarme un ticket previo con la factura?”, “señor, le he dicho que el transfer eran 400 libras”, “mira bonita, me has dicho muchas cosas y de la mitad no me he enterado, entre otras cosas porque me hablas mirando hacia abajo y como si yo fuera de Liverpool. De las 400 libras no me he enterado ni yo ni las dos personas que tengo al lado, pero tendrás que enseñarme una factura previa antes de hacerme el cargo ¿no?” (bueno, esto es todo lo que me hubiera gustado expresar). Vamos, un atraco.
En conclusión, Ryanair, de bajo coste, nada. Al final sale muy caro. Bajo coste si no hay ningún imprevisto, porque como tengas algún tipo de problema, que llegues minutos tarde, que tu equipaje pese 5 gramos de más, lo que sea, todo es una sangría constante de dinero. Y la atención es LA-MEN-TA-BLE. Era como hablar con máquinas, sin el más mínimo interés por darte una solución o por facilitarte las cosas, era como si a Windows le buscaras el botón de “Quizás” cuando te pregunta “Aceptar” o “Cancelar”. Nosotros mismo criticamos el exceso de improvisación del que hacemos gala los españoles, lo prefiero un millón de veces a esta inflexibilidad tirana y dictatorial. Tengo claro que con Iberia, Vueling o Air Europa esto no nos hubiera pasado, he visto a operarios de Iberia moviendo cielo y tierra para facturar una maleta a quince minutos de la salida del vuelo, con tal de que los viajeros no se queden en tierra. No creo que eso sea malo, no creo que un poco de comprensión y simpatía sea un problema, y no creo que la ejecución extrema de las reglas (unas reglas escritas con letras muy chiquititas y en inglés en la pantalla de tu ordenador cuando compras los billetes) sea la manera de evitar retrasos. Sobre todo porque en el vuelo de ida salimos dos horas más tarde y en el de vuelta 40 minutos.
15 horas en Stansted.
Los que nunca hayáis pasado la noche en un aeropuerto, no sabéis qué suerte tenéis. Es como el cementerio de los muertos durmientes, con zombis vagando de un lado a otro con la mirada perdida y la cabeza gacha mientras esperan que pasen las horas. Los que optan por no errar a través de los pasillos encerados, intentan dormir en los asientos del aeropuerto. Yo conseguí dormir dos horas, ¡todo un logro! Luego, la Nintendo DS te entretiene hasta que la batería dice que hasta aquí hemos llegado.

Castigados por Ryanair.
Bueno, al margen de todo esto, creo que el viaje ha merecido la pena. Londres es una ciudad fascinante y muchos londinenses han sido educados y amables. Sólo los señores de Ryanair consiguieron que nos sintiéramos realmente extranjeros, y es que una cosa es hacer turismo de forma despreocupada y feliz, y otra toparte con problemas en un país que no es el tuyo. Las dificultades para comprender el otro idioma, la desconsideración de los que te atienden, los abusos ante los que no sabes cómo responder… te hacen sentirte realmente mal. Ahora entiendo mejor a mucho extranjeros que tienen problemas en España, y esto no deja de ser un problema “menor” comparado con los que tienen otros. Por cierto, si algo no me ha gustado de los ingleses es esa actitud imperialista con su idioma, esa mirada de “resulta increíble que no sepas hablar bien inglés”. Oiga, que no venimos de sus colonias.
Hasta aquí la crónica de nuestro retorno. Recordad, huid de Ryanair como de la peste, y ahora más que nunca: ¡Gibraltar español!